EL IMPERIO ERES TU
(Javier Moro)
Siempre me había
preguntado, por qué en nuestra Latinoamérica existe un intruso gigante tan
diferente a nosotros, por qué no compartimos su idiosincrasia y lengua, por qué
la apariencia física de sus habitantes dista tanto de la de aquellos nativos de
territorios cruzados por Los Andes, por qué su música parece que sólo de
escuchara y bailara dentro de sus fronteras, en fin, la lectura de éste libro
con una narración exquisita nos va llevando poco a poco a responder todos esos
interrogantes y muchos más.
Debo confesar que
ignoraba por completo la existencia y profunda injerencia de un régimen
monárquico en nuestro hermano Brasilero, y que en ése hecho residen muchas de
las diferencias que hoy en día, más que separarnos nos complementan y nos causan
admiración y orgullo.
A diferencia de lo
acontecido con las colonias españolas, en donde fuimos gobernados por mandos
medios que no se compadecían de su sed de riqueza y devastación, soportada en
una supremacía sólo creída por ellos mismos, a Brasil llegó, huyendo de los Ejércitos
Napoleónicos, el mismísimo monarca con su familia y su corte. Por lo que es
fácil concluir que una cosa es un virrey mandado a administrar y dar cuentas de
su territorio, y otra muy distinta es que el mismo soberano llegue a habitar la
colonia, invirtiendo en ella, aplicando políticas económicas, fomentando
cultivos, dotándola de arte y cultura
para él y los suyos.
Tal vez sea por eso
que a lo largo del siglo XIX, mientras las colonias españolas daban a la par
gritos de independencia con saltos al vacío, el Reino Brasilero, cimentado en
la unidad, crecía y crecía, teniendo como límites, por el norte el Rio Amazonas,
por el sur el Rio de La Plata, por el oriente el Océano Atlántico y por el
occidente, al no haber un límite natural que frenara su crecimiento se encargaron de penetrar y penetrar, “corriendo
la cerca” en la medida en que los países transandinos no hacían presencia en
dichos terrenos, pasándose por la faja el Tratado de Tordecillas y sus
documentos posteriores.
El mensaje de unidad
y grandeza inyectado a los brasileros por sus monarcas y emperadores, estaba totalmente
conectado con la visión que de ese gigante tenían ellos y su pueblo, y es esa
misma coherencia la que dota a Brasil del presente que hoy disfruta y que sin
lugar a dudas le augura un futuro prometedor, tan amplio como su territorio mismo.
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